22.4.09

Poemas surrealistas

LA UNIÓN LIBRE (selección)André Breton

1. Mi mujer de cabellera de fuego de madera
2. De pensamientos de relámpagos de calor
3. De cintura de reloj de arena
4. Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre
5. Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud
6. De dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
7. De lengua de ámbar y de vidrio frotados
8. Mi mujer de lengua de hostia apuñalada
9. De lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
10. De lengua de piedra increíble
11. Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil
12. De cejas de borde de nido de golondrina
13. Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero
14. Y de vaho en los vidrios
15. Mi mujer de hombros de champaña
16. Y de fuente de cabezas de delfines bajo el hielo
17. Mi mujer de muñecas de cerillos
18. Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones
19. De dedos de heno cortado
20. Mi mujer de axilas de marta y de hayucos
21. De noche de San Juan
22. De ligustro y de nido de escalares
23. De brazos de espuma de mar y de esclusa
24. Y de mezcla del trigo y del molino
25. Mi mujer de piernas de cohete
26. De movimientos de relojería y de desesperación
27. Mi mujer de pantorrillas de médula de saúco
28. Mi mujer de pies de iniciales
29. De pies de llaveros de pies de calafates que beben
30. Mi mujer de cuello de cebada no perlada
31. Mi mujer de garganta de Valle de oro
32. De cita en el lecho mismo del torrente
33. De pechos de noche
34. Mi mujer de pechos de topera marina
35. Mi mujer de pechos de crisol de rubíes
36. De pechos de espectro de la rosa bajo el rocío
37. Mi mujer de vientre de despliegue de abanico de los días
38. De vientre de garra de gigante
39. Mi mujer de espalda de pájaro que huye vertical
40. De espalda de azogue
41. De espalda de luz
42. De nuca de canto rodado y de tiza mojada
43. Y de caída de un vaso en el que acaba de beberse
44. Mi mujer de caderas de barquilla
45. De caderas de lustro y de penas de flecha
46. Y de tronco de plumas de pavorreal blanco
47. De balanza insensible
48. Mi mujer de nalgas de asperón y de amianto (Arena suave)
49. Mi mujer de nalgas de espalda de cisne
50. Mi mujer de nalgas de primavera
51. De sexo de gladiolo
52. Mi mujer de sexo de yacimiento de oro y de ornitorrinco
53. Mi mujer de sexo de alga y de bombones antiguos
54. Mi mujer de sexo de espejo
55. Mi mujer de ojos llenos de lágrimas
56. De ojos de panoplia violeta y de aguja imantada (Armaduracompleta)
57. Mi mujer de ojos de sabana
58. Mi mujer de ojos de agua para beber en la cárcel
59. Mi mujer de ojos de madera siempre bajo el hacha
60. De ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego
(1931)


BAILEMOS EN BARONNIES
René CharFrancia 1907.1988

Vestida con falda de olivo
la Enamorada
había dicho:
Cree en mi muy infantil fidelidad.
Y desde entonces,
un valle abierto
una cuesta que brilla
un sendero de alianza
han invadido la ciudad
donde el libre dolor se halla bajo las aguas vivas

CONSUELO

Por las calles de la ciudad va mi amor.
Poco importa a dónde vaya en este roto tiempo.
Ya no es mi amor: el que quiera puede hablarle.
Ya no se acuerda: ¿quién en verdad le amó?

Mi amor busca su semejanza en la promesa de las miradas.
El espacio que recorre es mi fidelidad.
Dibuja la esperanza y en seguida la desprecia.
Prevalece sin tomar parte en ello.

Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro.
Es el gran meridiano donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.
Por las calles de la ciudad va mi amor.

Poco importa a dónde vaya en este roto tiempo.
Ya no es mi amor: el que quiera puede hablarle.
Ya no se acuerda: ¿quién en verdad le amó
y le ilumina de lejos para que no caiga?

ENVIDIA
Pierre Reverdy

Visión abigarrada y tenue en su cabeza, huyes de la mía. Posee los astros y los animales de la tierra, los campesinos y las mujeres para servirse de ellos. Lo ha mecido el Océano, a mí el mar, y fue él quien recibió todas las estampas. Rozaligeramente los despojos que encuentra, todo se ordena y siento mi cabeza pesada que aplasta los frágiles tallos. Destino, si creíste, que podría partir, me hubieras dado alas.

SERES VAGOS

Una vergüenza demasiado grande ha erguido mi frente. Me despojé de aquellos embarazosos andrajos y espero. Esperáis también pero no sé ya qué. Con tal de que algo pase. Todos los ojos salen a las ventanas, los celos de nuestros rivales retroceden al umbral de las puertas. Sin embargo, si nada fuera a suceder.
Ahora voy entre las dos veredas; estoy solo, con el viento que me acompaña burlándose de mí. Adónde huir sino en la noche. Mas la mesa y la lámpara están ahí esperándome y todo lo demás ha muerto de rabia bajo la puerta.

EL AIRE ADOLORIDO

Hace tanto calor que el aire vibra y que todo ruido se vuelve ensordecedor. Jaurías de perros feroces ladran. Por las ventanas abiertas los gritos de las mujeres rivalizan con la fanfarria bárbara. El frío pena para helar aquellas palabras. Si los pájaros se callaran, si las mujeres se callaran, si los perros estuvieran
muertos...
Un momento se calman los jardines y todo se duerme; pero pronto el terrible ruido vuelve a empezar. Son los clamores del sol y cada quien responde con exuberancia. Algunos seres mudos son perseguidos y no pueden protestar
ni vengarse. El ruido soberano los oprime. Entre los humos, por encima de los techos únicamente libres, hubiera hecho girar mi cabeza corno un cascabel sin
semilla al cabo de una cuerda. ¡La velocidad acolchada hasta las nubes y permitir al riachuelo que murmure enteramente solo! El cielo ha bajado, cerraron las ventanas y las bocas enmudecieron. Después de la caída de las hojas ni los pájaros se atreven ya a gorjear. Hace tanto frío. El invierno es el silencio.

NOCTURNO

La calle enteramente a oscuras y la estación no ha dejado huella. Hubiera querido salir y retienen mi puerta. Sin embargo, allá arriba, alguien vela y la lámpara está apagada. Mientras que los reverberos no son más que sombras, los anuncios continúan a lo largo de las palizadas. Escucha, no se oye el paso de ningún caballo. Sin embargo, un caballero gigantesco se precipita sobre una bailarina y todo se pierde girando, detrás de un terreno baldío. Sólo la noche conoce el lugar donde se reúnen. Cuando llegue la mañana revestirán sus colores resplandecientes. Ahora todo calla. El cielo parpadea y la luna se oculta entre las chimeneas.



Poemas de Philippe Soupault.
Poeta, ensayista, periodista, novelista, viajero, nació en Chaville, cerca de París el 2 de agosto de 1897.

CREPÚSCULO

Un elefante en su bañeray tres niños que duermen
singular singular historia
historia de sol poniente.

UNO, DOS O TRES

Busquemos los hijos
Los padres de los hijos
Los hijos de los hijos
Las campanas de la primavera
La fuentes del verano
Las penas del otoño
El silencio del invierno.



René Char.
Nació el catorce de junio 1907 en Isle-sur-Sorgue (Francia).
Pertenece a lo que podría llamarse la segunda generación surrealista que se inicia en 1929. Se separa del surrealismo en 1934.

Los soles canoros:

Las desapariciones inexplicables
los accidentes imprevisibles
los infortunios quizás excesivos
las catástrofes de todo orden
los cataclismos que ahogan y carbonizan el
suicidio considerado crimen
los degenerados intratables
los que se enrollan en la cabeza un delantal de herrero
los ingenuos de primera magnitud
los que colocan el féretro de su madre en el fondo de un pozo
los cerebros incultos
los sesos de cuero
los que invernan en el hospital y conservan la embriaguez de
las ropas desgarradas
la malva de las prisiones
la ortiga de las prisiones
la higuera nodriza de ruinas
los silenciosos incurables
los que canalizan la espuma del mundo subterráneo
los poetas excavadores
los que asesinan a los huérfanos tocando el clarín
los magos de la espiga
imperan temperatura benigna alrededor de los sudorosos embalsamadores del trabajo.


Poema Texto Surrealista
Antonin Artaud

El mundo fisíco todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye.
Pero algo sucedió de golpe.
Nació una arborescencia quebradiza, con reflejos de frentes,
gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.
Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los senos, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos.
La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado.
Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo, y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.

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